Data: 14/11/2007
Autor: El País
Todo un contraste con las caóticas obras con las que se está coronando estos días la lenta llegada de la alta velocidad a Barcelona. La obra ha costado 8.165 millones de euros, menos dinero del previsto. La obra ha requerido varios túneles urbanos.
La nueva línea permite alcanzar París en dos horas y 15 minutos
WALTER OPPENHEIMER - Londres -
La alta velocidad llega a Londres sin retrasos, sin convertir en una pesadilla la vida de los londinenses y por debajo del presupuesto previsto. Todo un contraste con las caóticas obras con las que se está coronando estos días la lenta llegada de la alta velocidad a Barcelona. Desde hoy, los trenes que salgan de la remozada estación de Saint Pancras llegarán a París al cabo de dos horas y 15 minutos y los que tienen Bruselas como destino llegarán a la capital administrativa de la Unión Europea en una hora y 51 minutos.
La obra ha costado 8.165 millones de euros, menos dinero del previsto
El acontecimiento tiene especial relevancia no sólo por su simbolismo, el acercamiento al continente del corazón político y económico del euroescéptico Reino Unido, sino porque las obras han sido de una complejidad tal que el proyecto, denominado Alta Velocidad Uno, se ha convertido en la obra civil más importante jamás acometida por este país. Más incluso, dicen, que el túnel bajo el canal de la Mancha.
Los servicios de Eurostar, que viajaban a gran velocidad en Francia y alternaban la rapidez y la lentitud al llegar a las islas, acababan hasta ayer en la estación de Waterloo. Ahora, coincidiendo con su definitiva entrada en el mundo de la alta velocidad, llegarán a un edificio polémico, la estación de Saint Pancras. Despreciada por unos como pastiche neogótico y alabada por otros como joya de la arquitectura victoriana, sólo se salvó de la voracidad de la piqueta en los años sesenta gracias al tesón y la mala leche del poeta sir John Betjeman, un enamorado de la arquitectura y del ferrocarril que organizó una formidable campaña para oponerse a los planes de demolición de la estación y su antesala, el célebre Midland Grand Hotel.
Saint Pancras recibirá hoy a Eurostar. En 2009 abrirá un hotel de lujo.
Las obras han costado 6.150 millones de libras (8.165 millones de euros), 50 millones menos de lo presupuestado. Con ese dinero se ha construido el tendido de 109 kilómetros de alta velocidad, remodelado Saint Pancras, erigido las estaciones de Ebbsfleet Internacional y Stratford Internacional y remozado la zona de King's Cross. La terminal de Londres está conectada con las líneas de ferrocarril hacia el norte de Inglaterra y Escocia, con trenes de cercanías y con seis líneas de metro.
Además del Eurostar con destino al continente, desde Saint Pancras saldrán trenes de alta velocidad locales: a la zona olímpica de Stratford (siete minutos), al nuevo nudo de comunicaciones al Este de Londres en Ebbsfleet (17 minutos), a Ashford (37 minutos), que deja de ser la estación de enlace entre Londres y el canal pero mantiene la vía rápida a la capital, y a Canterbury (una hora).
La complejidad de la obra se aprecia mejor si se tiene en cuenta que para llegar a Saint Pancras la línea de alta velocidad
ha requerido la construcción de varios túneles bajo el subsuelo de Londres y el Támesis. Nada más salir de la estación, el Eurostar entra en un túnel hacia el este de Londres que sortea otros 12 túneles ya existentes, cuatro estaciones de metro y 600 conducciones de agua, gas y aguas fecales. Una de las zonas con terreno más duro consumió seis perforadoras.
El tren emerge del subsuelo en la zona de Dagenham, al este de Londres, y tiene que superar una zona de marismas y sortear luego el obstáculo que forman el puente de la Reina Isabel y la salida de un túnel de autopistas, dejando un margen de menos de un metro entre la línea de alta velocidad y la autopista. Luego se hunde otra vez bajo tierra, para superar el Támesis a lo largo de un túnel de casi cinco kilómetros. Luego, con Londres atrás desde hace media hora y a tan sólo 10 minutos del canal, cruza en 15 segundos el viaducto sobre el río Medway, que con sus 1.250 metros fue en el momento de construirse el puente más largo del mundo para una línea de alta velocidad.
En total, Alta Velocidad Uno
cruza 32 kilómetros de túneles y 150 puentes. Ha sido la mayor obra ferroviaria en el Reino Unido en 100 años y ha obligado a mover 530 millones de metros cúbicos de tierra bajo el subsuelo y a replantar 1,2 millones de árboles. Durante las obras han muerto cuatro trabajadores.
Una marea de curiosos, periodistas y viajeros tomó ayer en festivo asalto la estación de Saint Pancras para vivir la llegada de la alta velocidad a Londres. La nueva estación acogió los primeros viajes del Eurostar a París y Bruselas, que hasta ahora salían de la estación de Waterloo. Hubo puntualidad a pesar de las huelgas en Francia y no se produjeron incidentes reseñables.
Cuando en 1994 se inauguró el túnel bajo el canal de la Mancha, hacían falta casi tres horas para llegar a París. Cuando en 2003 se estrenó el primer tramo de alta velocidad en Inglaterra, ese tiempo se recortó a 2 horas y 35 minutos. Ahora se llega en dos horas y cuarto. Para llegar a Bruselas hacían falta tres horas y cuarto en 1994; las mejoras en Bélgica redujeron ese tiempo a 2 horas 40 minutos en 1998 y a 2 horas 15 minutos en 2003. Desde ayer se puede viajar en 1 hora y 51 minutos. Las tarifas siguen siendo las mismas, y suelen oscilar, según la hora y el día, entre los 85 y los 220 euros para un ida y vuelta de Londres a París.
El mayor cambio perceptible para los usuarios al llegar a Saint Pancras es la luminosidad: el techo ha recuperado la cristalina transparencia que tenía antes de ser bombardeado durante la guerra. Mientras en el exterior seguían ayer los trabajos en parte de la fachada, en el interior una orquesta tocaba música clásica para celebrar la remodelación de una estación que estuvo a punto de ser derribada en los años sesenta.
Al fondo del ala izquierda de la estación se encuentran las plataformas de los servicios nacionales hacia Derby, Nottingham y Sheffield, que funcionan desde hace dos años. "No lo juraría, pero seguro que estos dos años han sido una pesadilla mientras se remodelaba la estación", asiente con orgullo un empleado de East Midlands, la compañía que gestiona esos trayectos.
Una vez superados los controles de seguridad y pasaportes, el viajero se encuentra con una sala de espera amplia. El viaje a Bruselas, con copa de champán de cortesía incluida, es algo decepcionante. Viajando, apenas se percibe la grandeza de la obra: un largo túnel nada más salir de Londres y 20 minutos menos para llegar. Eso es todo. Unos viajeros leen, otros duermen, muchos beben. Como siempre. El servicio de las 12.54 con destino a Bruselas llegó con absoluta puntualidad a su destino.
Arxius adjunts
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